Historia del “cigarrillo”: ¿quién lo inventó?, ¿de dónde proviene la palabra?

Aunque los primeros cultivos de tabaco fueron realizados por los españoles en 1530, las primeras “cajetillas” tardarían casi 300 años más en aparecer.

Aunque pueda parecernos sorprendente, a principios del siglo XX el cáncer de pulmón era una enfermedad muy poco común, quizá por la menor expectativa de vida si comparamos la esperanza media de hoy en día o porque el consumo de sustancias tóxicas, tanto de manera voluntaria como a través del ambiente, no era tan intensa, situación que leyes como la comúnmente conocida como ley antitabaco” intentan frenar. De hecho, en el momento en el que aparecieron los primeros cigarrillos modernos, se les creía una variante mucho más sana y segura que el tabaco tradicional, al ser más pequeños y contar con un filtro. Tanto es así que podemos encontrar anuncios de médicos recomendando su consumo como remedio para la tos, la gripe o la tuberculosis.

No obstante, hoy en día sabemos que esto no es cierto, se estima que el tabaquismo ha ocasionado la muerte a cerca de 100 millones de personas a lo largo del siglo XX, cifra que duplica la cantidad total de muertos de la Segunda Guerra Mundial. Pero lo que sí es cierto, es que el cambio en la forma en la que se consume esta planta, supuso una revolución, tanto en la industria tabaquera como en la sociedad de la época.

Origen de la palabra “cigarro”

Aunque los primeros cultivos de tabaco fueron realizados por los españoles en 1530, en la isla de Santo Domingo, los primeros cigarrillos de papel manufacturados y empaquetados llegaron a España en torno a 1825. Extendiéndose su consumo a partir de 1830, especialmente entre las mujeres, gracias al papel español, conocido y apreciado en toda Europa, por su característico aroma a licor y su estampado de vivos colores. No obstante, las primeras “cajetillas” tardarían unos años más en aparecer, más concretamente en 1833, y es cuando se le denomina “cigarrillo” o “cigarrito”, que proviene de la palabra “cigarro”, llamado así por su similitud con la cigarra.

James Albert Bonsack

El padre de la producción en masa

No obstante, el auténtico despegue se produce con la máquina de vapor estadounidense Bonsack, que es capaz de liar millones de cigarrillos, inventada por James Albert Bonsack cuya patente compró James Buchanan Duke en 1885. Gracias a esto, la familia Duke pudo producir mucho más rápido que los fabricantes que usaban métodos más antiguos. Asimismo, para vender su creciente excedente de inventario, generaron una gran demanda entre los consumidores de las marcas Duke al ser pioneros en la publicidad nacional.

James Buchanan Duke

Antes de ese momento, los cigarrillos se liaban a mano y se les consideraba un artículo de lujo, pero se estaban volviendo cada vez más populares. El lento proceso de fabricación manual (un enrollador de cigarrillos experto podía producir solo unos cuatro cigarrillos por minuto de media) era insuficiente para satisfacer la demanda en la década de 1870. Por ello, en 1875, la empresa “Allen and Ginter de Richmond”, ubicada en Virginia (Estados Unidos), ofreció un premio de 75.000 dólares (alrededor de 1.767.500 de dólares actuales) por la invención de una máquina capaz de realizar la acción de liar cigarrillos de manera automática. Bonsack aceptó el desafío y dejó la escuela para dedicar su tiempo a construir una máquina que realizara este proceso. En 1880, tenía un primer prototipo funcional, que fue destruido por un incendio mientras estaba almacenado en Lynchburg, Virginia. Bonsack lo reconstruyó y presentó una solicitud de patente el 4 de septiembre de 1880, la cual compró James Buchanan Duke en 1885. La asociación de Bonsack con el magnate del tabaco producía 120.000 cigarrillos en 10 horas, 200 por minuto, y por lo tanto revolucionó la industria de los cigarrillos.

Interesado en formar una combinación de los fabricantes de cigarrillos más grandes casi desde el momento en que se mudó a Nueva York, Duke desempeñó un papel clave en la organización de la “American Tobacco Company” en 1890 y, a los treinta y tres años, se convirtió en su presidente. En los años siguientes, la “American Tobacco Company”, y sus diversas ramificaciones, obtuvieron el control no solo de los cigarrillos, sino también del tabaco para fumar y de prácticamente todos los productos relacionados con el mismo, a excepción de los puros. Dominando cada fase del negocio del tabaco, desde el cultivo y la cosecha hasta la venta del producto por todo el país, James Duke se convirtió en la fuerza impulsora y trabajadora detrás del ascenso de “W. Duke, Sons and Company”, que, junto con “Allen & Ginter”, “W.S. Kimball & Company”, “Kinney Tobacco”, y “Goodwin & Company”, produjo el 90% de los cigarrillos fabricados en la década de 1890.

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