La ciencia desmiente que el alcohol haga que la gente parezca más guapa

Un estudio de la Universidad Estatal de Nueva Yersey desmiente la teoría de las “gafas de cerveza”, que sostenía que consumir alcohol aumentaba los índices de atractivo al reducir la percepción visual.

Lubricante social, desinhibidor psicológico, desatascador relacional, ata nervios, quita ansiedades, neutralizador del sentido del riesgo y del ridículo, pero jamás eximente de nuestros delitos sentimentales más bochornosos. La ciencia ha hablado y sus conclusiones reescribirán nuestros currículums sentimentales. No, no te pareció más guapo o más guapa porque ibas borracho. Una investigación de Journal of Studies on Alcohol and Drugs publicado por el Centro de estudios de alcohol y drogas de la Universidad Estatal de Nueva Yersey ha llegado a una conclusión aterradora: “Consumir alcohol hace que sea más probable que te acerques a personas que ya consideras atractivas, pero no hace que otros te parezcan más atractivos”.

Hasta ahora la sabiduría popular decía que uno de los efectos del alcohol era que los demás nos parecieran más guapos, y también nosotros mismos, según científicos de la Universidad Pierre Mendez-France de París.

En inglés hasta existía una expresión para esto, beer googles, o gafas de cerveza. Y se han publicado múltiples estudios que sostienen esta afirmación: uno de la Universidad de Bristol, otro de la de St Andrews y Glasgow, otro de la Universidad de Roehampton publicado en la revista Addiction de 2003, y otro en la revista Alcohol and Alcoholism de 2014: “Descubrimos que los índices de atractivo de las caras eran significativamente más altos en la condición de alcohol que en la condición de placebo, lo que implica que el consumo de alcohol puede aumentar los índices de atractivo de las caras”.

La clave, según estos estudios, es la simetría, característica fundamental en los rostros y cuerpos atractivos: “El consumo de alcohol disminuía la capacidad de los participantes para distinguir entre figuras simétricas y asimétricas. Por lo tanto, es posible que los bebedores de alcohol percibieran los rostros asimétricos como simétricos, lo que llevó a índices de atractivo más altos. Por lo tanto, sostenemos que el consumo de alcohol mejoró indirectamente las calificaciones de atractivo facial al debilitar la percepción visual de los bebedores. Sin embargo, el consumo de alcohol no influyó en las calificaciones de atractivo de los rostros muy atractivos. Esto concuerda con el estudio de Halsey (2012) en el que el consumo de alcohol no afectó la preferencia por caras simétricas (….) solo condujo a calificaciones de atractivo más altas para estímulos de atractivo bajo y moderado”.

Para llevar a cabo la investigación, la doctora Molly A. Bowdring, del Centro de Investigación de Prevención de Stanford en Palo Alto, California, afiliado a la Universidad de Pittsburgh en el momento de este estudio, y su asesor de tesis, Michael Sayette, usaron de ratas de laboratorio a 36 varones de entre 21 y 28 años, que valoraron el atractivo de personas de su mismo rango de edad, advirtiéndoles que tendrían la oportunidad de interactuar con una de esas personas en un experimento futuro.

Algunos participantes tomaron placebos y otros bebidas alcohólicas, hasta alcanzar una concentración de alcohol en sangre de aproximadamente 0,8 gramos por litro, el límite legal para conducir en los Estados Unidos, pero muy superior al límite legal en España. Por eso para alcanzar esos niveles, un hombre adulto de unos 70 kilos tendría que beber una media de tres cervezas, o cuatro copas de vino, o cuatro chupitos, o incluso dos copas, dependiendo de cómo vengan cargadas.

Todos los participantes venían entrenados. Debían beber al menos un día a la semana y se capaces de tomarse cómodamente al menos tres copas en 30 minutos. Tampoco podían comer ni tomar café al menos cuatro horas antes del experimento. Según la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos, con un 0.5% de alcohol disminuyen las inhibiciones, pero con el 0.10% ya pronuncias mal.

La conclusión fue que no había evidencia científica de la existencia de las llamadas “gafas de cerveza”. El alcohol no tuvo ningún efecto a la hora de calificar lo guapos que veían a los demás. “El efecto de gafas de cerveza no es tan consistentemente como cabría esperar”, observó Sayette.

En lo que sí afectó es en la probabilidad de que los hombres del experimento se animaran a interactuar con las personas que calificaban como atractivas. Cuando bebían, tenían 1,71 veces más probabilidades de seleccionar uno de sus cuatro candidatos más atractivos para conocerlo personalmente, en comparación a cuando estaban sobrios.

CORAJE LÍQUIDO

“Es posible que el alcohol no esté alterando la percepción, sino más bien mejorando la confianza en las interacciones, dando a los hombres coraje líquido para querer conocer a quienes les parecen más atractivos, algo que de otro modo sería mucho menos probable que hicieran”, concluye el estudio.

Después de consumir alcohol los participantes eran más propensos a interactuar con las personas más atractivos que se le ofrecían, lo que descarta otra teoría popular que echaría al traste todo el estudio, la de que con alcohol también tenemos más valor para irnos con poco agraciados o asimétricos.

La conclusión de este estudio revela otros proceso que los autores califican de “potencialmente peligroso”, que es que con alcohol no sólo se pueden tener más interacciones sociales, sino además más atractivas. También arroja luz sobre los procesos subyacentes al comportamiento sexual de riesgo, ya que estas prácticas son más probables cuando las parejas potenciales se perciben como más atractivas, según un estudio de Corbin y Fromme de 2002.

Diversas investigaciones ya han demostrado que el alcohol afecta al sistema nervioso central, e impacta en la corteza prefrontal del cerebro, asociada a las emociones, lo que hace que se supriman las inhibiciones psicológicas, se reduzca la ansiedad, el estrés, los nervios, y hasta puede hacer que ganes confianza. Es un sedante y un depresivo. Por eso antes de este estudio la doctora Amanda Ellison, profesora titular del Departamento de Psicología, de la Universidad de Durham, ya negaba la existencia de las gafas de cerveza.

Al beber, el cerebro disminuye la sensibilidad en las regiones involucradas en la detección de amenazas, lo que lleva a un comportamiento más arriesgado, que lo mismo puede acabar en un balconing que en una declaración de amor. También aumenta la actividad en las regiones asociadas con la recompensa, lo que puede hacer que te apetezca tener sexo lo mismo que un helado de chocolate.

“Las inseguridades o preocupaciones sobre cómo complacer a una pareja o alcanzar el orgasmo se pueden reducir con una copa de vino”, afirma la terapeuta sexual Laurie Watson en una publicación en su blog para Psychology Today. “El alcohol también puede hacer que la conversación erótica parezca más fácil. Centrarse en el rendimiento apaga el instinto de un hombre, y una pequeña cantidad de alcohol puede reducir su miedo a un mal resultado y aumentar su coraje sexual”. Según Watson, el alcohol te puede hacer más hablador, y en consecuencia más propenso a expresar tus sentimientos.

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